El teletrabajo y el derecho a la desconexión

Desde el mes de marzo de este año 2020, nos hemos enfrentado a nuevas situaciones en todos los ámbitos de nuestra vida. Desde el “ malabarismo” para llevar a cabo las tareas del hogar y cumplir con las obligaciones laborales, hasta aceptar la montaña rusa de emociones diarias. 

Esta nueva forma de vida ha traído consigo el reto de lograr un balance entre el trabajo y la vida personal. 

La creencia acerca de la necesidad de estar “disponibles” en todo momento, ha llevado a muchas personas a un agotamiento que eleva los niveles de estrés y de insatisfacción. 

Con miras a lograr un balance, es preciso tomar en consideración la importancia de aceptar que nos enfrentamos a algo nuevo y que son muchos los aspectos en los que crecer.

En primer lugar es importante saber que en muchos países se ha iniciado una legislación que permita regular el teletrabajo y por lo tanto, contribuir con la desconexión digital. Una vez tenemos claro que la desconexión es necesaria y saludable, entra en juego lo que cada quien podría hacer para procurarla. Inicialmente el establecimiento de límites y el aprender a decir “no” es esencial. Esto implica que a ciertas horas, tengo derecho a desconectarme. 

Lo segundo es comprender que es necesario ponerle un “fin” a la jornada laboral. No podemos estar disponibles todo el tiempo debido a que el equilibrio es imprescindible para rendir de manera adecuada y evitar el burnout. Evidentemente, el compromiso y la responsabilidad de cada quien para cumplir con el horario previamente establecido, es indispensable.

Lo próximo sería establecer una diferencia entre lo urgente e importante frente a lo importante pero no urgente o lo no importante pero sí urgente. Solucionar una crisis o descansar (fuera del horario laboral) es urgente e importante; responder a un correo para algo que debe ser realizado en un plazo de 3 semanas, es importante pero no urgente y enfrascarse en una discusión en una red social, ni es urgente ni es importante. Tener en cuenta estos aspectos nos llevaría a hacer un mejor uso del tiempo y generar el balance que necesitamos en todas las instancias de nuestra vida. 

Llevar todo esto a cabo no es tarea fácil. El hecho de aprender a conducirnos en esta nueva forma de vida nos tomará tiempo y hallar el equilibrio entre el trabajo y la necesaria desconexión digital, aunque sea complejo, es posible.

Escojamos más nuestro bienestar integral, aprendamos a darnos nuestro justo valor para, de esta forma, encontrar la armonía anhelada.

Carla Sofía Cruz Sánchez

¿Por qué son importantes los límites en la infancia?

Para reconocer la importancia de los límites, primero debemos saber qué son los límites. Límites es aquella relación que existe entre causa y consecuencia. Es la aplicación del rol ¨formador¨ de los padres. A partir de los 3 años los niños van asumiendo e interiorizando las reglas y cómo pueden conducirse en los distintos contextos en los que se desenvuelven. Los límites aportan orden, estructura y seguridad: en la medida en la que un niño sabe qué se espera de él, su estabilidad emocional se fortalece.

Establecer límites implica ser firme, coherente, justo y saber que los límites se establecen desde el amor que se le tiene a los hijos. Implica también reconocer que no es posible ni conveniente ceder a todas las peticiones, como tampoco negarse en todo momento. Es por esto que los límites buscan crear un equilibrio entre lo que deseo y lo que es factible.

Es importante saber que crear límites claros no es tarea fácil. Requiere de firmeza, seguimiento y la convicción de que se llevan a cabo por el bien del infante. De igual forma, se necesita una comunicación clara entre quienes se encargan del desarrollo y formación del niño/a pues lo que indica uno, no debe desautorizarlo el otro; que esto suceda crearía en él ambivalencia y confusión que en el futuro repercutirá en su forma de asumir las reglas en los diferentes contextos de la vida.

Formar en el amor, la comprensión y el correcto establecimiento de límites permitirá que el niño se convierta en un adulto que sepa autoregularse, que tenga autodeterminación y que asimile que en la vida siempre habrá una consecuencia para cada acción.

Las vacaciones

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La posibilidad de realizar viajes, ya sea locales o al extranjero representa una excelente oportunidad para que los padres estrechen lazos con los hijos; los hijos se diviertan y tengan espacios de libertad segura y para poner en práctica mucho de lo aprendido a lo largo de los años.

Las vacaciones con frecuencia implican ciertos niveles de estrés para los padres pues aun cuando un viaje implica felicidad, cambio de ambiente y aprendizaje, saber cómo manejar situaciones de conflicto, que de forma natural pueden surgir, no es tarea fácil.

Lo primero a tomar en cuenta debe ser que, a la hora de planificar un viaje, es imprescindible considerar la edad de los chicos. Si nos entusiasma Europa y contamos con los medios para ir pero una vez allí no buscamos opciones adecuadas para los chicos, las vacaciones no se convertirán en la experiencia gratificante que esperamos.

Lo segundo es que es importante planificar qué se hará en los momentos de traslados o de descanso. No es recomendable que un/ una niño/ a permanezca 4-5 horas de forma constante frente a un dispositivo electrónico. Esta herramienta puede ser un gran aliado usado con consciencia y control pero no debe usarse como un escape para que los padres puedan desentenderse. Criar y guiar a otro ser humano es una tarea que implica trabajo constante, siempre y cuando el objetivo sea hacer todo lo que se pueda para que sea una persona de bien, organizada y productiva.

Por otro lado, la interacción con los demás, los juegos de mesa como las cartas o el parchís, son opciones sanas que nos ayudarán a compartir con nuestros hijos y enseñarles aspectos vinculados a la vida diaria que un dispositivo nunca hará.

Pensemos en las vacaciones como una oportunidad para crear recuerdos felices y significativos que permanecerán por siempre en la memoria de todos en la familia.

Carla Sofía Cruz Sánchez

El orden como forma de vida

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¿Es importante el orden?
¿En que nos favorece?
¿Es posible educar en el orden?

El orden puede ser definido como el acto de mantenerse y mantener su entorno disponiendo de las cosas de forma que entre ellas exista una armonía. Ser ordenado va mas allá de “poner cada cosa en su lugar”; se refiere también a la forma en la que nos conducimos en la vida.

Desde muy pequeños los niños pueden ser educados en un estilo de vida ordenado. Esto implica: colocar las pertenencias con una secuencia determinada, ubicar sus juguetes en lugares específicos y, al expresarse y conducirse, hacerlo manteniendo unas pautas que le permitirán desarrollarse de forma óptima. Evidentemente, para que un niño sea ordenado, debe vivir en un ambiente que lo motive a serlo y sus padres deben ser ejemplos del orden que desean ver en sus hijos.

La doctora María Montessori fue una de las pioneras en desarrollar la importancia del orden para el niño y lo evidenciamos en la siguiente idea: “Uno de los Periodos Sensitivos más importantes y más misteriosos es el que hace al niño sensible al orden”. Este período ocurre hasta, más o menos los 4 años de edad, momento en el cual el niño ha absorbido mucho de su ambiente, tanto lo bueno como lo malo y, al desarrollarse en el orden, las próximas etapas en principio, tendrán buen pronóstico.

Es por esto que el orden externo repercute positivamente en el orden interno. Este ultimo se refiere a la forma de conducirse, a la seguridad, confianza e independencia. Cuando cada familia fomenta un ambiente estructurado y seguro, el niño se siente sobrecogido y, con el tiempo, valora la crianza recibida.

Quiere decir que, si desde pequeño se es guiado para mantener las cosas materiales con cierta organización, de mayor se podrá manejar el tiempo, priorizar y de esta forma, ser más productivo.

La tarea de criar en el orden será, como todo en la crianza de los hijos, un gran reto. Implica esfuerzos y sacrificios pero, en la medida en la que el niño se desenvuelve en un ambiente organizado, se crea un orden mental que en un futuro, le permitirá desempeñar todos los roles que como adulto deba ejercer, con determinación y seguridad.

Carla Sofía Cruz Sánchez

¿Cuál es el rol de un/a terapeuta sombra o de acompañamiento?

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Uno de los trabajos que más he disfrutado una vez insertada en la vida laboral fue el de Terapeuta Sombra. Las satisfacciones diarias al evidenciar cambios favorables, los retos que se presentaban cada día ante conductas determinadas; los pequeños logros diarios que se convirtieron en grandes cambios en la vida tanto del niño como de los padres, no tenían precio.

Sinceramente pienso que mi primer hijo siempre será este niño con quien trabajé durante 2 años. Mi rol dentro del aula junto a él era lograr que se insertara, llevara a cabo las actividades, socializara y aprendiera buscando Su forma de aprender.
No fue una labor fácil pero con el apoyo de su terapeuta de cabecera y una disposición plena y sin límites de sus familiares, se que el trabajo realizado tuvo sus frutos.

El hecho de haber vivido esta experiencia me hace pensar sobre cuál debe ser el rol real de quien lleva a cabo esta linda labor.
Inicialmente, lo que más presente debe tenerse es que el objetivo es ser cada día menos necesario y que por lo tanto ese/a niño/a sea cada vez más independiente. La función principal siempre será la de intentar manejar las conductas que se presenten, logrando que sean superadas y que al final del año escolar el niño haya logrado todo lo que desde el inicio nos hayamos planteado.

Es evidente que no todo podrá lograrse en un año. Es por esto que las metas deben ser claras, específicas y realistas. Quien realiza esta labor debe estar consciente de que posiblemente deba utilizar técnicas conductuales como la contención ante eventos de agresividad y que el refuerzo positivo es su gran aliado.

Aunque son muchas las estrategias que deberán emplearse, nada será más importante que tener un corazón grande para guiar a ese ser con quien estableces una conexión especial que ni el tiempo ni otras labores podrán borrar. Para acompañar a un/a niño/a se necesita amor, sabiduría, entrega y la firme convicción de que todo cuanto hagas, lo haces para que pueda tener una vida independiente, rica en experiencias y con el convencimiento de que todo lo que se plantee en la vida, podrá realizarlo y que si por alguna razón no se pudiera, por falta de intentos y de fe en sí mismo, no será.

Y es que como dijo Confucio: “Dime algo y lo olvidaré, enséñame algo y lo recordaré, hazme partícipe y lo aprenderé.