Hoy, 20 de febrero del 2026, después de mucho tiempo sin escribir, me surge la necesidad e inspiración por hacerlo. Reflexionando sobre mi largo período de ausencia en un “hobbie” que realmente me resulta interesante, reconozco que los lindos cambios de la vida me han llevado a dejar de escribir.
El cambio mayor ha sido convertirme en madre. En el 2022 di a luz a mi primer hijo. El niño que ha colmado mi corazón de un amor y una entrega que aunque intente explicar, podría no terminar nunca. En el 2023, tuve la ” sorpresa” de la enorme bendición de ser madre por segunda vez. Yo que no entendía cómo se divide el corazón para amar a otra personita, fui viendo, entendiendo y sintiendo cómo mi amor se multiplicaba ante la llegada de este retoño. Siendo totalmente sincera, creo que pocos eventos en la vida te cambian tanto como el de ser madre. Y cuando me refiero a cambios, no solo pienso en los físicos ( que al final son lo de memos), me refiero a que tu alma está donde estén tus hijos. A que no hay forma de estar bien si ellos no lo están, a que puedo no sentirme bien, pero por esas dos personas, ” saco de abajo” y enfrento la vida con lo que venga. Me refiero a tener menos tiempo para tantas cosas que antes disfrutaba pero que ahora deben reinventarse y/o posponerse.
La maternidad es un hermoso regalo. Todos los días agradezco a Dios por esta dicha. Desde el 2022 mis prioridades cambiaron, mis gustos cambiaron, mi amor por ciertas cosas cambió, mi sentido de la vida cambió y tengo 2 grandes porqués. Y es que, como dijo Nietzsche, ” El que tiene un porqué soporta cualquier cómo”.
