¿Cuál es el rol de un/a terapeuta sombra o de acompañamiento?

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Uno de los trabajos que más he disfrutado una vez insertada en la vida laboral fue el de Terapeuta Sombra. Las satisfacciones diarias al evidenciar cambios favorables, los retos que se presentaban cada día ante conductas determinadas; los pequeños logros diarios que se convirtieron en grandes cambios en la vida tanto del niño como de los padres, no tenían precio.

Sinceramente pienso que mi primer hijo siempre será este niño con quien trabajé durante 2 años. Mi rol dentro del aula junto a él era lograr que se insertara, llevara a cabo las actividades, socializara y aprendiera buscando Su forma de aprender.
No fue una labor fácil pero con el apoyo de su terapeuta de cabecera y una disposición plena y sin límites de sus familiares, se que el trabajo realizado tuvo sus frutos.

El hecho de haber vivido esta experiencia me hace pensar sobre cuál debe ser el rol real de quien lleva a cabo esta linda labor.
Inicialmente, lo que más presente debe tenerse es que el objetivo es ser cada día menos necesario y que por lo tanto ese/a niño/a sea cada vez más independiente. La función principal siempre será la de intentar manejar las conductas que se presenten, logrando que sean superadas y que al final del año escolar el niño haya logrado todo lo que desde el inicio nos hayamos planteado.

Es evidente que no todo podrá lograrse en un año. Es por esto que las metas deben ser claras, específicas y realistas. Quien realiza esta labor debe estar consciente de que posiblemente deba utilizar técnicas conductuales como la contención ante eventos de agresividad y que el refuerzo positivo es su gran aliado.

Aunque son muchas las estrategias que deberán emplearse, nada será más importante que tener un corazón grande para guiar a ese ser con quien estableces una conexión especial que ni el tiempo ni otras labores podrán borrar. Para acompañar a un/a niño/a se necesita amor, sabiduría, entrega y la firme convicción de que todo cuanto hagas, lo haces para que pueda tener una vida independiente, rica en experiencias y con el convencimiento de que todo lo que se plantee en la vida, podrá realizarlo y que si por alguna razón no se pudiera, por falta de intentos y de fe en sí mismo, no será.

Y es que como dijo Confucio: “Dime algo y lo olvidaré, enséñame algo y lo recordaré, hazme partícipe y lo aprenderé.

Dificultades en la pronunciación; de la niñez a la adultez

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Todos, en el desarrollo del lenguaje cometemos errores de pronunciación que forman parte del proceso de maduración de los órganos vinculados con el habla y que en los primeros años de vida, son vistos como errores ¨jocosos¨ que luego forman parte de historias y anécdotas que familiares y amigos narran acerca de nosotros y que luego son superados.

Generalmente, hasta los 6 años de edad son ¨permitidas¨ y ¨normales¨ ciertas dificultades articulatorias pues los músculos de la esfera orofacial aún no han alcanzado la tonicidad o ¨fuerza¨ adecuada, para que el lenguaje se desarrolle de manera óptima.

En edades tempranas errores como ¨no me puedo quitar los papatos¨ o ¨no se lo que simifica eso¨ son totalmente normales. Las dificultades y señales de alarma surgen cuando a los 6 años un niño todavía no cuenta con un repertorio fonético completo y por lo tanto, sustituye la ¨s¨ por ¨z¨ en ¨sapo¨ o cuando a partir de los 7 años presenta dificultades para pronunciar palabras como ¨trabajo¨, ¨profesora¨, ¨pleito¨, ¨primero¨ , ¨trompo¨, entre otras.

Si bien es cierto que todos los niños no presentan un desarrollo lineal y que por lo tanto alguno podría tomarse un poco más de tiempo para adquirir ciertos fonemas, también es cierto que antes se intervenga, mejor pronóstico puede haber y antes se superan dichas dificultades. Cuando no se interviene de forma temprana porque ¨ya lo dirá¨, podemos caer en el error de no permitirle a los/as niños/as tener un desarrollo del lenguaje y social, adecuado y luego tenemos adolescentes y adultos que sustituyen fonemas y en los que la intervención puede tomar más tiempo pues han asimilado como normal un patrón de habla que no es el correcto.

Un ejemplo clave de un adulto con dificultades de articulación podemos tenerlo en una famosa cantante de los años 50 – 60, quien interpreta la canción ¨ Puro Teatro¨, al escucharla con detenimiento es evidente la marcada presencia de dificultades articulatorias ante palabras con sílabas trabadas como ¨teatro¨, en la cual la cual la /r/ es sustituida por una /d/, palabras como ¨simulacro¨ o ¨destrozar¨ en los cuales sucede la misma sustitución antes citada. La cantante era capaz de pronunciar el fonema /r/ al encontrarse al final de las palabras o al principio, pero al tratarse de una sílaba trabada, fallaba en la vibración del fonema. Este es un claro ejemplo de que en la adultez pueden existir dificultades y que las personas podrían desenvolverse sin grandes problemas pero no por ello debemos eximir a nuestros hijos de tener un desarrollo del lenguaje articulatorio lo más óptimo posible ni podemos asumir que todos los casos a largo plazo tendrán un desenlace como este.

Carla Sofía Cruz Sánchez

La presencia de los Padres en la vida de los hijos

 

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En los últimos tiempos y con cierta frecuencia, se han acercado a mi chicos/as con el siguiente comentario: ¨casi nunca veo a mi papá¨. Mi reacción inicial es de sorpresa y acto seguido pregunto: y ¿por qué dices eso? A lo que recibo la siguiente respuesta: es que él siempre está trabajando, llega por las noches y al hacerlo, ya me encuentro durmiendo. Sin dudas este escenario se produce de manera frecuente y es una realidad en muchas familias de nuestra Sociedad.

Esta situación genera en mi una necesidad de abordar cuál debe ser el rol de los padres (ambos) en la crianza de los hijos porque, ¿qué ejemplo le damos a un hijo si nunca estamos presentes?

Me consta que la vida que llevamos hoy en día nos exige mucho y que para cumplir con las necesidades de la familia necesitamos trabajar, a veces, mucho más de lo que deseamos o que humanamente podemos. Sin embargo, el equilibrio en lo que hacemos es lo que nos permitirá tener un trabajo, una familia y una vida personal estable pues, de qué me sirve trabajar 15-18 horas diarias, si no puedo darle a mis hijos lo más valioso que tengo en la vida: mi tiempo.

El tiempo no espera a nadie: pasa, pesa y pisa, como dice mi madre y todo ello sin darnos cuenta. Para cuando hemos abierto los ojos, es imposible dar marcha atrás y recuperar el tiempo perdido. La imagen de un Padre o una Madre no se forja por las 2 horas que pueda dedicarle durante los fines de semana: se crea en el día a día, en las decisiones que tomamos, en los ratos compartidos, en las dificultades superadas y en el amor ofrecido.

El papel de ambos padres en la vida de los hijos es determinante. El ejemplo de dedicación, responsabilidad y trabajo son, sin lugar a dudas algunos de los más importantes pero no por ello debemos olvidar el rol de soporte emocional, de ejemplo de amor, solidaridad, respeto, entrega y sacrificio que solo con la presencia diaria es posible reflejar.

Tratemos de buscar el equilibrio en aquello que hacemos y démosle a nuestros hijos tiempo de calidad, de modo que al pasar el tiempo, dejemos la huella de haber estado presentes de manera significativa a lo largo de su desarrollo.

Carla Sofía Cruz Sánchez

Escoger modalidad escolar.

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Resulta en ocasiones controversial y es un tema que suele llenar de dudas e incertidumbre a los padres, la elección de un centro de enseñanza para niños en edad pre escolar totalmente en su lengua materna (español en este caso) o bilingüe (en español hasta los 3 años y luego en inglés).

La verdad es que cualquiera de las dos opciones es buena siempre que la adquisición de la lengua materna se haya asumido sin grandes problemas. Si por el contrario, resulta que el/la niño/a ha presentado dificultades en su lengua materna, no es lo ideal insertarlo/a en un segundo idioma dado que las posibilidades de que se confunda y no comprenda los sonidos en ninguno de los dos idiomas, son amplias.

Múltiples estudios se han realizado sobre el tema y en ellos se menciona la bondad de exponerse a más de un idioma desde temprana edad. Al nacer, y hasta más o menos los 2 años, los niños son capaces de asimilar todos los sonidos sean estos o no los de su propia lengua materna; dicha capacidad con el paso de los años va disminuyendo y es por esto que a las personas mayores les cuesta más aprender un segundo idioma que a un infante.

Nada hay de malo en aprender una segunda lengua siempre y cuando la propia se internalice de manera correcta, de modo que la elección de la enseñanza bilingüe o no debería depender de las capacidades lingüísticas en sentido general del niño y no de una moda. Si inicia en español, puede perfectamente, a partir de los 5-6 años, ir aprendiendo inglés de manera particular e incluso ser insertado en un sistema totalmente en inglés pero luego de haber asumido su propia lengua.

Aprender idiomas fortalece nuestras conexiones neuronales, aleja enfermedades degenerativas como el Al- Zheimer, pero no debe ser una imposición que se le de a los niños sin tomar en cuenta sus capacidades. Parte de educar de manera correcta y consciente, es respetar los tiempos de maduración y desarrollo del niño y esperar hasta que esté listo.

Carla Sofia Cruz Sánchez.

foto: https://www.webconsultas.com

¡¡Por fin me he decidido!!!

Este blog es un sueño fruto de una idea que surgió hace un tiempo que busca publicar artículos vinculados a la Educación, al buen uso del lenguaje; a las dificultades y señales de alerta que podemos observar en niños con miras a ofrecer una intervención oportuna y mejorar la calidad de vida de la familia en general.

También, el objetivo es compartir ideas y crecer en cuanto a la crianza en tiempos en los que la tecnología nos arropa y su uso no siempre es el más adecuado.

Mi deseo es que aprendamos juntos y que de alguna forma, poco a poco, nuestra sociedad pueda ir evolucionando.

Ahora comienza un viaje interesante y educativo. Espero seas tan feliz como yo y me acompañes en este recorrido por la vida.

Abrazos,

CS